No pretendamos hacer uso de nuestros derechos sin aceptar nuestras obligaciones.
No pretendamos ser todos iguales.
No pretendamos encerrarnos en nuestras propias miserias, porque lo justo sería apoyar al que está peor. Sin embargo no lo sería si ese que está peor no ha hecho nada por solucionarlo y se conforma con vivir de la limosna.
Luchar por un mundo mejor es posible, siempre y cuando todos estemos dispuestos a sacrificarnos.
Es el problema de una sociedad acomodada que considera que los problemas se arreglan sentados frente a una taza de café
