martes, 12 de marzo de 2013

Siempre sale el sol




De pronto un día te das cuenta de que el sol sale a diario, aunque no lo veas. Y que aquella temporada plomiza, en la que tu estado de ánimo estaba igual de gris que el cielo, tiene un principio y un final. Es entonces cuando aprendes a relativizar y comprendes los beneficios que ello conlleva. Cuando te percatas de los detalles que sí merecen la pena y apuras y exprimes cada segundo bueno como si se te fuera la vida. 

Y descubres la fortaleza de las personas buenas, el valor de los que te rodean, que disfrutan de cada minuto como si fuera el primero y el último al mismo tiempo. Que luchan por sus derechos y los de los que tienen cerca. Que no se doblegan ante lo injusto. Y aprendes a disfrutar como ellos, a sacarle el jugo a las cosas buenas y a buscar la lección con la que aprender de las cosas malas.


Hoy quiero agradecer a los que me rodean, a mi familia y mis amigos, por estar siempre en mi camino, apoyarme en mis decisiones, aplaudirme en mis éxitos y darme un llamada de atención cuando me desvío. Y no me quiero olvidar de aquellos tesoros con los que te encuentras por el camino, quienes, con su forma de ser, iluminan hasta el rincón más oscuro. Mi última experiencia se cierra con esta preciosa orquídea, ejemplo perfecto de que rodearse de personas buenas consigue aplacar el mayor de los dolores de cabeza y hasta consigue hacerte olvidar.

La vida es muy corta aunque dure 100 años. Aprovecharla y ser feliz está en nuestras manos.  Se feliz... es gratis!

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