lunes, 13 de octubre de 2014

El viaje del valor

Entré en su cuarto pensando que estaría allí como de costumbre, sentada en su cama devorando algún libro ensimismada. Pero Ena no estaba. Se había dejado la ventana abierta y la lluvia se colaba mojando los libros que tenía en el escritorio. Sobre la cama había un cuaderno repleto de garabatos y unas líneas escritas.

Lo compartíamos todo. Todo. Por eso ni me lo pensé un segundo. Cogí el cuaderno y me acomodé en la cama para leerlo.

20 de Abril, Liberia

Ya hace más de un mes que fui. Se que te dejé yo. Pero en mi defensa he de decir que creía que era temporal. Con esta situación tan turbia cómo me iba a imaginar yo tener tanta suerte. Y después de un mes sin verte siento un vacío. Es una pena que ni puedo ni quiero evitar. La vida es así, nos movemos.

Me siento obligada a permanecer aquí. Aunque el riesgo sea tan grande, no puedo dejar a estos niños. Sus miradas están perdidas. Las vidas de sus padres han sido sesgadas y no saben por qué. Tienen miedo.

Hoy me he percatado del abandono. Hoy, como un jarro de agua fría, me he dado cuenta de que pronto arroparás a alguien que no soy yo. Y no puedo hacer nada. No te puedo traer aquí, no es seguro. Quizá ni entiendas de qué estoy hablando...

Era su letra, pero no su historia. Estaba desconcertada ¿Ha conocido a alguien?

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